La importancia del cuerpo para nuestras emociones y nuestra toma de decisiones.

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El cuerpo es, a través de los sentidos, el que posibilita la recepción de información que posteriormente será procesada (codificada e integrada) por nuestro sistema nervioso central (snc), tanto de manera cognitiva como de manera emocional.

Por tanto, todo lo que nos llega, la información que utilizamos para tomar decisiones, para elegir, para responder a las demandas del entorno (5 sentidos tradicionales), y nuestras demandas personales (propiocepción, interocepción), dependen de como nuestro cuerpo se encuentre en el momento en el que dicha información llegue y de qué y cómo reciba y codifique dicha información.

Tenemos 7 sentidos según la neurociencia en estos momentos, en otra entrada profundizaremos un poco en cada uno de ellos.

Si somos capaces de sentir nuestro cuerpo, si somos capaces de corporizar nuestras emociones, de ubicarlas, de tolerarlas, de abrirnos con curiosidad a su encuentro, si dejamos de bloquearlas por miedo a sentir; seremos capaces desde la atención plena, de cambiar el foco de atención a algo que nos retenga en nuestro cuerpo, en nuestras sensaciones, y desde la presencia consciente, podremos dejar de rumiar pensamientos, podremos dejar pasar pensamientos que en el fondo son pasajeros, al igual de las emociones, y podremos dejar vía libre a otros pensamientos y emociones nuevos o al menos diferentes.

El cuerpo, nuestra postura, nuestra presencia, nuestra disposición hacia el mundo y hacia los demás, no solo hace que los otros te perciban de una manera o de otra; nos lleva tambien a percibirnos a nosotros mismos de manera diferente según nuestra actitud y nuestro estado de ánimo.

Ej.: No se causa una misma primera impresión simplemente con el hecho de si te has peinado o no, si estas cabizbajo o estas erguido…

La neurociencia plantea ya, que también funciona a la inversa, que si modificamos nuestra postura, si mantenemos una leve sonrisa hacia lo que nos va desvelando nuestro nuevo día, si nos mostramos abiertos físicamente y mentalmente (con actitud de abrazar lo nuevo que nos llegue o al menos darle la bienvenida de manera amable, sea bueno o malo, total si va a llegar, recibámoslo como se merece) si monitoreamos nuestro cuerpo y somos más conscientes de cómo estamos, y potenciamos esta apertura hacia el mundo, no solo vamos a captar más información, sino que la vamos a respirar mejor y «cuando respiramos las cosas, cuando tomamos aire (en la inspiración), hacemos nuestra esa información, aumenta la memorización, siempre que respiremos por la nariz, y no por la boca». Citando a Nazareth Castellanos, una Neurocientífica extraordinaria y muy amena, engancha con sus palabras y con su manera de explicar desde la curiosidad plena.

Una de mis primeras pacientes con dificultades en teoría de la mente, CL, con sus 8-9 añitos que llegó a mi, necesitaba para comprender las viñetas de situaciones sociales que yo le presentaba, ponerse en la posición de cada uno de los personajes para poder comprender que era lo que sentían, era maravillosa, copiaba la perspectiva corporal de cada personaje y así comprendía su perspectiva emocional, desde su experiencia corporal personal consciente. Nuestras neuronas espejo hacen ese trabajo por nosotros en la mayoría de los casos, en CL tuvo que ser entrenada y le gustó tanto y lo hacía tan bien, que quería ser actriz para poder imitar a otros, pero, ¿cómo ser ella misma?, ¿cómo mostrarse espontánea y no tener que estar tan en hiperalerta y reteniendo el máximo de información para poder interpretar quien eres en cada contexto, qué es lo qué los otros esperan que hagas?, ¿cómo hacer todo esto, descifrando también a los demás para no meter la pata?

Todo esto, sólo lo pudo hacer desde la seguridad en si misma, que fue ganando, desde el querer socializar ya no solo desde la barrera, mirando lo que hacían los otros (que es cómo empezó, mostrando interés en los otros y en lo que hacían), imaginando que ella era también parte de esos grupos y poco a poco, cuando ella se fue viendo más fuerte, interactuando realmente con los demás y participando en sus juegos.

No confundamos nuestro deseo de hacer cosas, nuestra proyección haciéndolas en nuestra cabeza, nuestra imaginación logrando llevarlas a cabo, con mentirnos a nosotros mismos. Si no hay necesidad de hacer las cosas, si no nos las imaginamos, si no nos vemos haciéndolas, no las haremos.

Respetemos los tiempos de nuestros peques, permitámosles mirar desde la barrera, proyectarse y ya harán cuando se vean capaces, pero sin instigarles a que jueguen ya con otros, démosles herramientas para que puedan jugar con otros, que sepan las reglas de los juegos, que se sientan competentes en ellos, que se vean seguros utilizándolos y querrán mostrárselo a los iguales y así llegarán a socializar.

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